Todo empezó con un campamento de jóvenes. Veinte personas de entre 17 y 22 años intentando organizar un retiro para 45. Logística, transporte, alimentos, hospedaje, expositores… la receta perfecta para que todo se descontrolara. Y a veces así sucedía. Pero cuando la visión estaba clara, las cosas salían adelante, aunque con el estilo improvisado y entusiasta típico de los 18 años.

En medio de ese aparente caos, sin haber cursado un MBA ni leído un solo libro de gestión, empecé a notar algo: había dos perfiles muy marcados entre las personas del equipo. Lo llamamos, de forma completamente intuitiva, los corredores y los maratonistas.

Años después, trabajando con empresas reales, me di cuenta de que ese modelo aplica perfectamente en cualquier organización.

Los Maratonistas

Son los que aguantan. Los que no fallan durante tres o cuatro meses de preparación sin perder el ritmo. Siempre al 100% en cada actividad, atentos, constantes, con buena disposición incluso cuando el proceso se vuelve tedioso.

En las empresas, los maratonistas son los que disfrutan la planeación. Organizados, metódicos, excelentes para proyectos de seguimiento. Los encuentras felices actualizando un CRM, llevando el control de las cuentas por cobrar o asegurándose de que cada proceso se ejecute exactamente como se definió.

No les gusta el caos del día a día ni los incendios. Pero son los pilares del equipo. Confiables, pacientes, y son ellos quienes aseguran que todo fluya sin interrupciones. Tal vez no sean los más llamativos en momentos de alta presión, pero su trabajo es el que mantiene el barco a flote.

Un maratonista no necesita adrenalina para rendir. Necesita claridad, estructura y un buen proceso.

Los Corredores

Por otro lado, están los que brillaban durante el evento. Explosivos, dinámicos, los reyes de la actividad. Lo daban todo como si estuvieran en una carrera de 100 metros planos. Terminaban exhaustos, roncos y, en algunos casos, resolviendo un par de desastres. Pero el ambiente que generaban era imposible de replicar con un proceso.

En las empresas, los corredores son los que disfrutan apagar incendios y resolver el día a día. Los que lideran la venta del mes con energía contagiosa, los que se activan cuando hay un reto urgente o un cliente difícil que necesita atención inmediata.

Sobresalen en lanzamientos, cierres de mes, eventos importantes o proyectos urgentes. Son creativos, rápidos y efectivos, pero no son tan aficionados a los procesos largos ni a las tareas repetitivas. Necesitan variedad y movimiento para mantenerse motivados.

Un corredor no necesita un plan detallado para arrancar. Necesita un objetivo claro y libertad para moverse.

¿Cuál es mejor?

Los dos.

Esta es la respuesta que más molesta a los líderes que buscan armar el “equipo perfecto” con un solo perfil. La realidad es que una empresa sin maratonistas es un caos sostenido. Una empresa sin corredores es una máquina eficiente que nadie quiere comprarle nada.

El problema más común que veo en las empresas no es tener demasiados de uno o del otro. Es que el dueño no reconoce qué perfil tiene él mismo, y exige al equipo que funcione exactamente como él funciona.

Si el dueño es corredor y su equipo son maratonistas, es como si hablaran idiomas diferentes. El dueño se frustra porque “nadie tiene iniciativa”. El equipo se frustra porque “todo cambia cada semana”. Ninguno está equivocado — simplemente no están alineados.

Cómo aplicarlo en tu empresa

  • Identifica tu propio perfil. ¿Eres corredor o maratonista? ¿Cómo te complementas mejor?
  • Mapa a tu equipo. ¿Dónde están tus corredores? ¿Dónde tus maratonistas? ¿Estás poniendo a cada quien en el rol que le corresponde?
  • Diseña roles para ambos. Los corredores necesitan metas de corto plazo, variedad y retos. Los maratonistas necesitan procesos claros, continuidad y reconocimiento por el trabajo constante.
  • Complementa, no compitas. El error más caro es poner a competir a dos personas con perfiles opuestos en lugar de diseñar un sistema donde se apoyen mutuamente.

Una última reflexión

No creo que nadie sea 100% corredor o 100% maratonista. Todos tenemos algo de ambos — de lo contrario sería imposible sacar adelante un proyecto o trabajar en equipo. Pero como líder, es clave reconocer las inclinaciones naturales de cada persona y construir un equipo donde los dos perfiles se complementen.

En la diversidad está la fortaleza. No en encontrar clones del fundador.


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